viernes, 20 de diciembre de 2013

Visitando Aspet y alrededores

Tras la ruta por el Mont Valier no dudamos en dedicar el miércoles a descansar en el camping, comer fabada de bote, hacernos unas cervezas, preparar el plan para el día siguiente y poco más.

El jueves despertamos frescos, como si la excursión de hace un par de días quedara lejana en el tiempo. En nuestro atlas de carretera hemos visto una zona que parece muy bonita, cerca del pueblo de Aspet. Se trata de un pequeño pueblo de apenas 1.000 habitantes, perteneciente al  departamento de Haute-Garonne. Tardamos una hora en llegar, y justo antes de la entrada del pueblo vemos a la derecha unas vistas impresionantes.

No podemos parar y decidimos que ya haremos las fotos a la vuelta. Es mediodía y la mujer de la oficina de turismo nos dice que lo mejor que podemos hacer dado la hora, es subir al Col de Aspet y ver la zona.

Atravesamos Aspet con una sensación agradable. Parece un pueblo animado, no sé si serán fiestas o les gusta mucho la cerveza porque hay mucha gente en los bares.

Llegamos al Col de Aspet, a 1.069m de altitud, y no hay nada especial que nos llame la atención. Se trata de un puerto de montaña por el que ha pasado numerosas veces desde 1945 el Tour de France. Tras andar un poco, vemos un cartel y una escalera, curiosamente invadida por la maleza, que nos indica nuestro próximo paso, Portet d’Aspet. Tardamos unos 30 minutos en llegar a este pueblo, descendiendo por un sendero en pendiente que no queremos ni pensar cómo será subirlo.



Portet d’Aspet es una comuna de menos de 100 personas encallado en un valle con casas antiguas, algunas estropeadas pero muchas de ellas preciosas. Aprovechamos algunos rincones muy fotogénicos para disfrutar de nuestra afición a la fotografía, y decidimos volver puesto que ahora hay que tomar el sendero en sentido contrario y va a ser un poco duro subir hasta el Col d’Aspet.



Pronto empezará a atardecer y decidimos volver al camping, parando obviamente a hacer unas fotos en la zona que vimos justo antes de entrar a Aspet. Giramos a la izquierda y nos metemos en un camino sin asfaltar que nos va a permitir hacer unas fotos espectaculares de las montañas. Castor decide dejar el coche encarado de nuevo a la carretera y saca su cámara dispuesta a hacer una ráfaga de fotos a lo que tenemos delante.


Misión cumplida, hemos visto Aspet y hemos parado a hacer fotos del paisaje que nos había encantado en el trayecto de ida. Subimos al coche, Castor le da al contacto y el coche no arranca. La miro confundido.

-El coche no arranca. Me dice mirándome con cara de circunstancia.

-¿Cómo que no arranca?. Eso no puede ser.

-No arranca.

Perfecto. Aturdidos por la situación abrimos el capó como si fuéramos mecánicos. No hay nada raro. El coche sigue sin arrancar a los 10 minutos y sólo se nos ocurre una opción. Tratar de arrancarlo empujando.

Movemos el coche por el caminal intentando ganar el espacio suficiente e intentar arrancarlo en movimiento. A continuación empezamos a empujar como desgraciados. Llevamos la mitad del camino y Castor se sube al coche de un salto en plan Tom Cruise…nada. El coche no arranca; primer intento fallido.

Decidimos volver a intentarlo. Empiezo a desesperarme un poco, pues la cosa no pinta bien. ¿La primera semana de viaje y el Accord nos deja tirados?

Esta vez tenemos algo más de espacio para poder empujar. Vamos allá. Empezamos a empujar como si nos fuera la vida en ello, parece que está vez coge más velocidad, Castor vuelve a hacer de Tom Cruise y consigue arrancar.

Lo conseguimos, veo el coche alejarse por esa carretera sin asfaltar, pararse justo al final, y en vez de esperarme, irse por la carretera principal a toda velocidad. Voy andando y pensando… “Sería la leche si se fuera ahora y me dejara aquí tirado en medio de la nada. ¿Pero qué dices? No sería la leche, sería una gran putada”.

Tras esperar 5 minutos, aparece el Accord en el horizonte. Sí, ha vuelto. Abro la puerta, me subo al coche, y nos vamos al camping con una mezcla en el cuerpo de euforia y de miedo, sin saber qué le está pasando al coche.

2 comentarios:

  1. Qué relato. Misterio, desesperación, euforia... Lo he vivido intensamente. Y me he reído, para qué negarlo.

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